Y pasaron las semanas, se buscaron a cada rato perdido. Y se encontraron a cada instante.
Él era todo ternura, todo dulzura. La hizo sentir tan importante que le sanó algunas grietas. Él era un inconsciente que le dijo mil veces que la quería, que la miró como el que cree haber encontrado el mayor tesoro.
Y ella se lo ofreció todo. Con una salvedad... Y es que ella sabía que él ya amaba a otra. Lo sabía más que él. Y se mantuvo enrocada, sin creer una palabra. Porque no importaba darse, pero sí importa perderse.
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