domingo, 6 de marzo de 2016

Cuento de primavera

Afuera estaba oscuro. Había caído la noche de forma silenciosa. La oscuridad en la carretera apenas era rota por los faros de algunos coches. Y en el interior de la pick up se escuchaba música rock entremezclada con un leve chirrido de fondo.
Avanzaban en dirección a la ciudad, y la negrura no tardaría en tornarse en violencia lumínica que violaría el ambiente sin ningún pudor.
Me fijé en como los árboles se destacaban más oscuros contra un cielo sin estrellas. Las nubes no eran densas, pero tapaban los astros.


Y de nuevo fui sincera, como tantas otras veces. Como en tantos otros sitios. Como tantas otras cruces.
-Yo no soy como tú crees...


Y es que no debería juzgarse a nadie por su apariencia. Ni por lo que te hace sentir si la respetas, si no la invades. Deberías saber que corren mareas, bajo apariencias calmadas.
Lo que tú ves en mí no es tan sencillo.


Cómo entender sin más que si te sientes bien es parte de mi influjo. Que te sientes en casa aunque no haya nada.
Cómo no ves que es espejismo mi esencia. Y cual marino iluso escuchas las sirenas.
Cómo te explico que el miedo te vuelve arisco. Que tus palabras sacan mis garras. Que no las uso porque te entiendo. Que ten cuidado, que te he avisado.
Que vivo alerta, que me han herido.
Cómo te explico lo que no has visto.


-Pues conmigo siempre has sido así.


Se veían las luces al fondo.
Te he dado un voto de confianza, no me lo rompas. Sólo espero que hayas entendido.


Lo que ves es la ternura. La dulzura.
Ves las caricias.
Las sonrisas.
Los besos a ratos, jadeos callados.

Lo que ves es la distancia. Es el respeto.
Tú ves mis pausas.
Ves mis ofrendas.
Ves que no juzgo, porque no aferro.

Lo que no entiendes es que es espejismo.
No soy distinta.
Soy cualquier otra.
Soy peligrosa, cual alma herida.

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